sábado, 19 de septiembre de 2015

Carta a ella

Querida amiga,

Si la memoria no me falla, creo que no le he contado de cómo sobreviví tras dejar atrás nuestro mundo. Al principio vagué un poco, vagué y trabajé en donde hubiera trabajo. Después de un tiempo, tuve la fortuna de caer en los brazos de una familia cristiana que me acogió. Quien diría, amiga mía, que en el seno de una familia que tanto se preocupara por mi fuera yo a caer lo más bajo posible. No se preocupe, nunca hice nada para lastimarlos, ni robé nada. Es simplemente que cuando tuve un lugar para llamar propio, que comencé a caer más en la tentación. Teniendo un lugar que me aceptaba no pude sino explorar los límites de cuanto podían soportar, el ver si podía más la caridad o el vicio.
Aún así, intenté seguir con mi vida, intenté ignorar a Muerte y Soledad, que día y noche me buscaban. No le mentiré, me enamoré. No como con Ella, claro, pero me enamoré. Me enamore y terminó siempre mal, ya sea por ella o por mi. Me volví un borracho. Ansiando siempre lo que no tenía y desperdiciando lo que se me presentaba, elegí tomar para no ser tomado en serio.Porque seamos honestos, qué salida es más facil que la de un borracho: nadie los tom en cuenta, y es más facil llorar tomando que llorar sobrio. Y así fue como empezó mi caída supongo. Abandoné a la familia que me había acogido todo este tiempo y me dediqué a vagar. Me dediqué a tomar. Diría el coronel que mientras más tomaba más la recordaba, pero más soportaba el recuerdo, pero no lo creo. Mientras más tomaba más me enamoraba y más buscaba lo que había perdido, pero siempre fallaba y siempre terminaba herido.
Anduve un rato en las calles. Sobreviví de trabajos y caridad por un tiempo. Escuché historias y tomé con los olvidados de la ciudad. Sabía usted, mi querida amiga, que cada indigente tiene una historia? Escuché bastantes, y grabé algunas en mi memoria. Después de un tiempo, entendí a mis nuevos amigos. Pero, ¿quiere saber mi sufrimiento, querida amiga? Ellos me contaban historias de tragedia, de abandono y más, y mi peor historia, lo que más me dolía hablando con ellos, trabajando con ellos tomando con ellos sintiendo el hambre con ellos, la única historia que me importaba era la tontería de ilusión que er ver y estar con aquella mujer de los ojos color...
Puede usted adivinar de que color eran esos ojos, amiga mía?

martes, 19 de agosto de 2014

Borracho

Soy un borracho. Para qué negarlo. Nací inocente y crecí corrupto. Probablemente me estoy matando. Probablemente me estoy muriendo. No lo sé. Es raro, observar a los viciosos. Cualquier buen borracho tiene una buena historia, si le das tiempo a que llegue a ella. Cualquier adicto tiente una historia que vale la pena escuchar.

A veces me pregunto si tomé el camino adecuado. Una buena educación, buena familia, y buenos modales. Tenía una buena vida por delante y decidí entregarme a las pasiones. No es que me arrepienta, es sólo que me pregunto el, ¿qué habría pasado? No lo sé. Probablemente no lo vaya a saber. Por ahora me conformo con ser un borracho, y escribir cuando sienta que puedo hacerlo. Cuando sienta algunas copas encima de mi.

Carta

Querida amiga,

Hoy no podré continuar la historia a la que está acostumbrada. Lo lamento, sabe usted que no soy de aquellos que salen de su rutina. Sin embargo, hoy llegó a mi - gracias a un anónimo benefactor- una botella de ron que llama por mi nombre. Como usted sabe, siempre he tenido un gusto por los vicios, así que una oportunidad así no puede ser desperdiciada. Por lo tanto, espero disculpe esta carta que viene más de un borracho melancólico que de aquel a quien está acostumbrada.

¿Le he contado de mi esposa, querida amiga? Supongo que no. Nos casamos siendo jóvenes, y nos divorciamos siendo idiotas. Claro, era una promesa más de niños que un sacramento divino. Pero aún así, es una promesa que se ha mantenido a través de los años. Por supuesto que hemos tenido parejas, nos hemos peleado e ignorado e incluso odiado tal vez, pero aquí seguimos.

Yo la conocí como un tercero. Una amiga de la amiga del amigo y demás. La conocí como se conoce a cualquier conocido. Como se vive una casualidad.
Oh, pero qué casualidad ¡amiga mía! ¡Que casualidad! Porque después de meses, después de días después de segundos llegué a conocerla y dios mía, Dios mío que belleza de mujer. Llegué a amarla, amiga mía, llegué a besarla como -tal vez- besan todos los enamorados.

Como puede suponer, fue culpa mía el alejarme, fue mi culpa el dejar de tenerla para mi. Pero aún así, amiga mía, la seguí queriendo.

Después de algunos años, nos encontramos de nuevo: Yo, el romántico con el corazón roto; ella, la mujer con una meta y la pasión para cumplirla. Aún de todo la seguía queriendo. I still do.

Seré un borracho, un azarista de lo peor amiga mía, pero algo he aprendido en este camino. Ella y yo, como piezas de un rompecabezas, tal vez no encajemos. Pero en la imagen total, no podríamos encajar más.

A veces me pregunto -el ron me está llegando-, ¿y qué tal si? que tal si hubiera sido un mejor hombre, un hombre que la mereciera, que la quisiera, la besara la amara estuviera ahí para ella siempre. A veces me pregunto, amiga mía...

El tiempo ha pasado, ya estoy viejo y lo siento en mis huesos, amiga mía. Estoy viejo en mi juventud y aún así lo siento. Me estoy muriendo amiga mía. Me estoy muriendo y la recuerdo y la extraño y la beso en mis sueños.

Porque la quiero.

Por hoy es todo, amiga mía. No puedo más. Dejemos que el ron me lleve a mejores lugares. Le mando un abrazo y mi cariño.

lunes, 28 de julio de 2014

Fragmento de obra

Mi estimada amiga:

Como dije en la última carta, la última vez que hablamos le estaba contando sobre la muerte de E. Como lo prometí, he aquí lo que sucedió después.

Cuando murió mi amado E, francamente no supe cómo responder: volteé a amigos que me dieron la espalda, intenté enterrarlo entre las labores del día, incluso acudí a dios para calmar mi alma (sí, amiga mía, dios con minúscula, porque cualquier dios que es verbo pero no puede actuar para calmar la tristeza de un hombre deja de ser Dios y se vuelve un mortal cualquiera). Al no encontrar respuesta, decidí probar la ruta de nuestro querido marqués. Recuerdas al marqués, querida amiga? Cuantas noches pasamos en vela discutiendo su pensar, su manera de ver las cosas. Si sólo lo hubiéramos vivido, en lugar de intentar analizarlo, habríamos descubierto su verdadero significado. Y la verdad es, querida amiga, que el marqués estaba aburrido. Triste, depresivo incluso, si lo quieres pensar así. Porque el marqués, como yo - y me disculpo por tan cruel y egocéntrica comparación- entendieron que la vida simplemente no vale la pena. Espero interpretes mal esto, tú bien sabes que por sobre todo siempre he amado los placeres de estar vivo. Es simplemente que, como me imagino el marqués pensó, cuando uno se siente solo, el único sentido que tiene la vida es cuando se intenta acabar con ella.

Como usted sabrá, amiga mía, siempre he sido un cobarde: si huí de mi gran amor cuando tomó la vida de nuestro hijo no nato, ¿como podría tener el valor de quitarme la vida propia? Francamente, no pude. Así que opté por la vía del cobarde, opté por la vía que el niño rico añora y el pobre desprecia.
La primera vez que estuve con una puta -llamemosla N- temí por lo que pude contagiarme. Después de unas semanas, temí que fuera a dejarme una vez que el dinero se acabara. Y si bien el alcohol tomaba la parte de los amigos olvidados, el amor rechazado, siempre terminaba las noches encontrándome con mi amiga Muerte, mi amada Muerte. La muerte de E; la muerte de mi hijo; la Muerte con M del mañana se postra ante mi incluso hoy, con la sonrisa de algún familiar que sabe que tarde o temprano habrá de encontrarnos.

¿Conoce usted, mi querida amiga, el poema del borracho inmortal?

Hace tiempo un hombre
de nombre desconocido
estaba a punto de morir
de pasar al olvido.

El hombre, mal conocido
por su falta de temple
era un simple borracho
esperando la muerte.

Los años pasan
el hombre aún sigue vivo
la gente del pueblo pregunta
¿es esto premio o castigo?

El hombre, cual buen borracho
responde entre líneas, ahogado
"la muerte conmigo ha acordado
en un juego de machos"

"la muerte pensó que, certera
cualquier juego podría ganarme
dejó que este hombre eligiera
el día en que habrá de llevarme
así que el día en que yo muera
sea cuando no pueda emborracharme"

Sea amor a la vida o temor a la muerte
el borracho sigue respirando
que la muerte nos lleve cuando decidamos
dejar lo que estamos amando.

Con esto la dejo, amiga mía. No porque no quiera escribirle, es sólo que siento el día llegando, y espero antes los dioses tener suficiente para que la muerte me vea tomando.

viernes, 18 de enero de 2013

Black Wolf

There´s a story the Old ones tell. It´s the story about to wolves, fighting inside a person´s soul. Should the white wolf win, the soul is saved. If the black wolf wins, well, we all know what happens. The thing is, the Old ones fear the black wolf, but they never understood him. The black wolf is a lonely one. He is, as Bradbury put it: THE lonely one. It does not prey, or hunt. The black wolf merely absorbs one´s feeling. It´s not its fangs one must be careful of, for it does not devour its victims. It´s the heart. For the black wolf smells doubt from a thousand paces, and it does not rest until it finds a new heart to settle in. The black wolf, my dear, is not a curse, or a disease. It is the embodiment of the most primal instincts of men, long ago forgotten, waiting to resurface again. It embodies the wild, the unknown, the forbidden. The Old ones fear it, for they don´t understand it. So beware, my child, of the black wolf, for if one day it chases you, you´ll find yourself choosing between mankind, and freedom.

viernes, 5 de octubre de 2012


Quienquiera que haya establecido el estereotipo de que las mujeres son seres frágiles, tiernos y dóciles, claramente nunca estuvo en contacto con una. Las mujeres, contrario a lo que nos han contado innumerables cuentos, retratos y novelas, no son la imagen pura de una belleza que se quiebra ante el contacto con el mundo. ¿Qué hay de frágil en una mujer? me pregunto, ¿qué hay de inocente? Absolutamente nada. Las mujeres no son débiles, son la fuerza misma de la naturaleza en su estado más primitivo, burdo, perfecto. Y nosotros, hombres debilitados por la fuerza de nuestros lujos y complacencia, hemos olvidado esto casi por completo: a una mujer -una verdadera mujer- se le muestra respeto, cariño y lealtad.

Hoy en día, son demasiados los casos en que un hombre, ingenuamente, confunde un beso o una noche de pasión, e incluso las lágrimas de uno de estos seres fantásticos con la señal de haber triunfado sobre ella, cuando en realidad no podrían estar más equivocados. Porque ganarse a una mujer, ese místico momento en que un hombre tiene la suerte de conseguir el amor de una señorita, no se trata de una acción o una señal. Conquistar a una mujer no se logra a través de un acto, se logra a través de una vida entera de sacrificio, esfuerzo y, sobre todo, humildad. Conquistar a una mujer significa aceptar que, por más que se intente, nunca se podrá vencerle. Este es el secreto de las mujeres, secreto a plena luz. Y es que las mujeres, estos espíritus terrenales que nos asombran con su belleza e inteligencia, se asemejan a todo aquello que es bueno en esta tierra: siempre son más hermosas en libertad. Estar con una mujer, quererla y cuidarla, implica saber que nunca podrá ganarse del todo la batalla en su contra. Porque no hay batalla que ganar. Solo existen los retos, las acciones y caricias de cada día que nos inspiran a seguir eternamente luchando por su amor en nuestro propio Valhalla personal.

lunes, 1 de octubre de 2012

Pueblo chico, noches largas junto al mar.
Besos suaves y un amor para recordar.
Largos días lejanos a su abrazo,
lentas horas de trabajo
la ilusión de amparse en su regazo.

sábado, 12 de mayo de 2012

El vendedor.

Cuentan que alguna vez hubo
De todos querido un oficio
Un arte que poco hombre pudo
tener y ofrecer el servicio.

Vendía, rumoraban, recuerdos
retazos risueños, radiantes
memorias  de algunos momentos
que eran harto fascinantes.

Por años quiso la gente
A quién recuerdos vendía por docena
Más hoy le castigan, llaman indecente
de muerte su oficio es la pena.

Pues diose cuenta el mundo entero
que aquellas memorias amadas
ficciones eran, fabricadas
mentiras de un hombre harto artero.

Prohibidas fueron las memorias
La ley fue vivir el presente
Se prohibieron contar más historias
Se borró el ayer
se olvidó el tener
del ahora la mente ya ausente.

Y así continuaron sus vidas
sin recordar los momentos pasados
ignoraron viejas heridas
los recuerdos fueron olvidados.

Y entonces aquel sacro oficio
visto como antes la meta
fue ahora ante todos un vicio,
murió así por siempre el poeta



domingo, 5 de febrero de 2012

Parábola de Tlaloc: El romanticismo realista.

Cierto día, maestro y alumno se encontraban disfrutando de una caminata por el parque. El clima, fresco y húmedo, daba la pauta perfecta para conversar de temas melancólicos, por lo cual no resultó sorprendente que, tras un tiempo de estar caminando, la discusión se centrara en torno al sentimiento.
“Pero maestro, el sentir necesita de ilusión, de fé, de creer que lo que se siente nunca terminará. Un sentimiento sin esperanza está condenado a fracasar” decía el joven discípulo al tiempo que señalaba a una pareja que había, al igual que ellos, escogido este día para pasear, sonrientes y de la mano, por el parque. “Tome por ejemplo a aquellos novios” continuó el alumno, “¿cree usted que están pensando en otra cosa que no sea el amor que se tienen? Ellos son felices porque el amor supera cualquier otro pensar, y en su estado, son capaces de olvidar hasta el peor recuerdo. ¿Que sentimiento puede ser mayor al suyo? ¿Más real que el suyo?”. Al escuchar las palabras de su alumno, el maestro sonrió, lo invitó a tomar asiento en una banca y dijo: “Dime, mi joven amigo, ¿alguna vez has escuchado la historia del amante sin alma?”; “No” respondió el joven. “Pues bien, he aquí como va”:

Hace tiempo, existió un hombre de mente inquisitiva, cuya lógica y pesimismo le habían hecho ganar el sobrenombre de hombre sin alma. Para este hombre, nada había que no pudiera pensarse, analizarse, y predecir sus posibles resultados: la comida, una película, la vida misma no eran para él sino secuencias por analizar; Es por esta razón que pocos entendían el como y el por qué de su mujer, quién había estado con él desde hacía ya más de 10 años. La gente no entendía como ella, a quién se referían como “aquella que está siempre soñando”, podía estar con alguien como ese hombre: ella era mujer de fé, él un hombre de ciencia; ella leía a Benedetti, él a Sade y Hobbes; ella creía en la vida mientras él esperaba la muerte; y aún así, estaban juntos.
Así pasaba el tiempo, y la gente permancecía curiosa, siempre preguntándose como era posible que estuviesen juntos. Un día, sin embargo, ocurrió lo inesperado: aquella que siempre estaba soñando dejó a su hombre, una noche gris empacó sus maletas y se fue del brazo de un viajero desconocido.

Al enterarse el pueblo, no fueron más de cinco los minutos transcurridos, antes de que estuvieran reunidas todas las almas frente a la casa del abandonado, ofreciendo su ayuda y preguntando la causa. Nuestro protagonista, ya fuera por hartazgo de la gente, por ganas de soledad, decidió por fin contestar sus preguntas, con tal de poder estar tranquilo y solo:

“Yo nunca pensé que estaríamos juntos por siempre. Eso no fue lo importante entre nosotros. Ustedes piensan que el amor debe ser perfecto, un ideal. Sin embargo, yo sé que no es así. Yo a ella no la amaba por pensar que estaríamos siempre juntos, o por pensar que fuera perfecta, al contrario, la amaba porque aún sabiendo que en cualquier momento esto podría terminar yo quería estar con ella, porque aún cuando conocía de sus celos, sus miedos y sus fallas, estaba dispuesto a arriesgarme. Ella me retaba, me cuestionaba, lograba que eligiera el no pensar, el no analizar las cosas. Ustedes pueden pensar que nuestra relación estuvo basada en nuestras virtudes, cuando en verdad nos impulsaron nuestros defectos. Y aún si este es el final, yo no me arrepiento de nada”


Dicho esto, el hombre sin alma entró a su casa, y prosiguió con algún estudio que había dejado pendiente.




El maestro terminó la historia, y vio que el alumno permanecia callado, pensativo: había entendido la lección; El maestro se paró de la banca, le dio la espalda al alumno y, antes de proseguir la caminata interrumpida por la historia, le dijo: “El verdadero sentimiento, mi querido discípulo, no viene de vivir en la ilusión, viene del saber la realidad, y querer afrontarla sin importar el resultado.” tras lo cual siguió caminando en silencio, acompañado después de unos instantes de su fiel alumno.

martes, 17 de mayo de 2011

Carta a Sabines

Estoy cansado de ser un amoroso, de ocupar los pasillos del amor.
Ya no puedo soportar ser el malo de esta historia,
ver que el héroe se queda siempre con mi princesa.
Estoy cansado del momento, la interminable espera
de amores de vidrio y corazones de madera
estoy cansado, tan cansado del amor.

Me persiguen mis fantasmas, no los cazo, me arrinconan
ya no puedo, -ya no sé- como enfrentarlos.
A veces los vislumbro, felices, orgullosos
Bailando con su dios y con mi diablo
sabiendo que hace tiempo los dejé de atrapar.

Estoy cansado de buscar
de la espera en mi bendita soledad
Ya no puedo ser un loco -no más-
No tengo la fuerza de la ingenua juventud.

Estoy cansado de ser un amoroso
de jugar al amor, de amar al amor.
Las costillas me reclaman por las tardes
el colon se irrita de ansiedad
y aquellos gusanos que en la noche venían
comienzan a parecerme un delicioso manjar.

Estoy cansado de ser un amoroso
siempre cambiando
siempre igual.

sábado, 26 de marzo de 2011

Desvaríos de un borracho bajo la luna llena

Si muero esta noche no habrá ningún lamento
bien sabes mi amor que ya muerto estoy por dentro
No te pido entonces que me ayudes a vivir,
vivir, bah!, que hay de bueno en eso?
Solo te pido que si mañana regreso me olvides
olvides mi muerte, el pasado el amor nunca olvidado
Solo te pido a ti por quien morí
Te pido que me enseñes, que me muestres de nuevo que es sentir.

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Estás y no estás, querida mía
no estás cuando despierto
regresas cuando acaba el día.
existes en sueños, tus besos, tu boca
tus manos, tu cuerpo que a mi alma provoca.
Sueño aquel momento en que te miraba te quería y te besaba
esos momentos que a ti mi alma daba.
Que puedo decirte, hermosa persona
que vive tan lejos, a mi alma abandona
que puedo ofrecerte más que el momento
el instante que guardo en el fondo, aquí dentro.
Vive el momento, subsiste aquel día
do´fui yo tu amigo, do´fui yo tu amante
futuro no ofrezco, ni pienso implorarte
no puedo ni tengo nada que darte
solo espero que en ti permanezca
los bellos momentos, de aquel instante.

viernes, 14 de enero de 2011

La caballerosidad no conoce de temporalidad

Hace no muchos días, escuché a un distinguido señor hablar sobre el Quijote, y de como representaba valores que se encontraban en contradicción con los tiempos modernos. Argumentó que el Quijote, o mas bien dicho, los valores caballerescos de aquél excéntrico Hidalgo, se encuentra en una época en donde nociones como el honor y la virtud no poseen ya la fuerza -ni importancia- que tuviesen de antaño. No podría estar mas en desacuerdo. Y por eso heme aquí, alegando en esta pequeño (pero sincero) escrito que la caballerosidad no puede encontrarse fuera de su tiempo, ya que la escencia del caballero no conoce la temporalidad.

Es cierto que el tiempo cambia, y con él la relación entre los hombres: los dragones de fuego han sido reemplazados por dragones de metal, los bellacos ahora visten de traje, y las princesas tiempo há que dejaron de necesitar un fiel siervo; No negaré tampoco que los valores (y más aún los del caballero) han sido devaluados, incluso ignorado, y tomados como inservibles o anticuados: el aludir a una jóven con respeto llamándole señorita no es hoy sino objeto de burla entre las amistades; Mas no por esto debe tomarse por verdad la opinión del vulgo, y si es difícil creer en la caballerosidad tanto mas lo es el dejar de hacerlo.

Se me puede argumentar que el caballero como tal no existe ya, pues bien, respondo que no es que no exista, simplemente es que ha mudado de forma. Hemos mudado tal vez la capa y espada, pero en dejarlas apreciamos mas el honor y la hermandad, el orgullo y, sobre todas las cosas, hemos conservado la pasión por defender las máximas del amor y la valentía. ¿Y qué si en la vida no tienen ya utilidad práctica? ¿Desde cuando se ha protegido al amor para conseguir un empleo? ¿O la valentía para obtener placeres? ¿Que importa si toma el vulgo por vanas ideas románticas aquellos nuestros fundamentos morales? El caballero no es caballero porque defiende a una dama, habla con respeto o renuncia a su bien por el de aquellos a quien quiere. El caballero defiende a una dama porque en ella ve la imagen del amor, de la belleza y la sutil elegancia de una flor naciente, habla con respeto porque sabe que incluso el enemigo es digno de ser reconocido como tal, y procura el bien porque en sus seres amados radica el honor. Las acciones de un caballero no lo definen ni a él ni a sus valores, el caballero actúa, habla, vive, muere y defiende sus ideas por ellas mismas y de ahí radican las acciones.

Así que no se hable de nociones olvidadas, de acciones futiles y valores superfluos, que mientras sean los senderos en el destino de la humanidad distintos e incomprensibles, la caballerosidad estará presente, un camino -tal vez ingenuo si, pero nunca deshonrado- que se alza frente a la incertidumbre.

La forma puede cambiar, los valores ridiculizarse y las ideas negarse, pero el fondo señores y señoritas,el fondo es siempre el mismo. La caballerosidad no puede estar fuera de tiempo porque la caballerosidad no conoce el tiempo: el amor, la valentía, el honor y el espíritu de hermandad son tan inmortales como inmortal es el hombre;

Y esto, esto lo defiendo hasta la muerte.

sábado, 20 de noviembre de 2010

porque podría escribirte mil sonetos, amada mía, pero tu eres ya de otra persona
o será porque ya eres tú de otra persona amada mía, que podría escribirte mil sonetos?

sábado, 6 de noviembre de 2010

Parábola de Tlaloc: Ideal de la belleza

Cierta tarde, se encontraba el maestro admirando una renombrada pintura cuyo artista nunca fue conocido. Bajo el marco podía leerse el título de la obra, “Ideal, por anónimo”. Absorto en su admiración, el maestro no notó la llegada de su alumno, con quien había quedado verse en la tarde. Al llegar este, por respeto a su maestro, no interrumpió su paz, y sentóse junto a el, meditando a su vez las cosas que turbaban su alma mientras esperaba captar la atención de su mentor. Después de un tiempo, por fin cesó el viejo de admirar la obra, y volteó a ver a su discípulo, quien ya para aquel momento mostraba en el rostro la agitación de su alma. “que pasa, mi querido amigo?” preguntó el maestro, regresando la mirada a la obra, mostrando la paz que al otro faltaba. ““Maestro”” respondióle,““no encuentro paz en mi interior, me azota una sed que no puedo saciar. Por días ya que he procurado encontrar la belleza, y no puedo evitar sentir que siempre se me escapa de las manos: a veces creo encontrarla, la observo en aquella linda pelirroja, pero se va tan pronto me doy cuenta de ello. Otras veces la encuentro en las tiernas gemelas que juegan bajos los rayos dorados de Apolo, pero después me parece verlas palidecer con el ocaso del dios. ¿Por qué, maestro? ¿Por que no puedo encontrar aquello que con tanto afán desea mi alma? ¿ será acaso que no soy digno de encontrarlo?””

Después de un momento de reflexión, el maestro señaló la pintura, tras lo cual el alumno volteó a verla, a admirarla por primera vez. En ella se encontraba retratada una figura femenina, en tonos de blanco y crema, tan finos, tan sutiles que podría decirse el cielo mismo prestó su color al pincel del artista. De fondo, el cuadro estaba pintado con todos los colores conocidos por el hombre: un poco de azul en el cielo, combinado con rojo y dorado del sol poniente, verdes hojas bañadas en cristalino rocío, negras sombras bailando al compás de la luz. La mujer, desnuda y de pie en el centro de retrato, parecía fundirse en los demás colores, a veces parecía que el negro cabello era solo una sombra, que la piel se hacía roja con la sangre transcurriendo las venas, marca de vida y sensualidad. Pero otras veces contrastaba, se alzaba imponente ante los burdos y fríos colores de la pintura: era una diosa poseedora de una humana mortalidad.

“Yo conocí al pintor” fueron las primeras palabras del maestro. “hace tiempo, yo lo conocí, a el y a su aflicción” El alumno, sorprendido en igual mesura por la pintura como por la afirmación del maestro, preguntó respetuosamente la causa de la aflicción y el por qué tan grande artista no añadió en la obra su nombre.
“¿Que ves en esta obra? puedes describirme a la mujer que se encuentra en ella?” el alumno respondióle que no. “La razón, querido amigo, es que no hay palabras que alcancen a hacerlo, así como no hay mujer que alcance a representarla en vida. La aflicción de este hombre fue también causa de su mas grande placer, y es la misma que encuentro en ti. Verás, mi joven aprendiz, este hombre, como tú, deseaba conocer la belleza, deseaba estrecharla en sus brazos y hacerla suya. Pero encontró tan solo reflejos de ella, burdas comedias que mostraban en la realidad lo que solo existe en el mundo del alma y de los sueños, aquel ideal inmortal que es llamado belleza. Al final, muerto ya por dentro, dedicó sus últimas horas a esta pintura, en donde plasmó el alma misma en la figura de lo bello, de lo imposible, de lo efímeramente eterno. Preguntas que porqué no dejó su nombre, pero, ¿como podría? si al buscar algo tan alto se perdió a si mismo, voló como Icaro y el mismo destino encontró. Tu mismo lo has visto, como la joven del cuadro parece ser todo y nada con lo que le rodea, a veces es sombra, otras veces luz, pero siempre, siempre es algo mayor que lo que aparenta ser.  Buscar tal cosa, como tu lo deseas, es tarea tan imposible como cavar en la arena un hoyo, esperando mantenerlo siempre sin agua de mar, mas, sin importar lo inalcanzable que es la meta, nunca dejará de ser útil el buscarla.”

Dicho esto, maestro y alumno continuaron admirando la obra de aquel desdichado artista, mártir desconocido de la eterna belleza.

lunes, 2 de agosto de 2010

Mujer

So, estaba en mazatlán en una tienda con la familia y por alguna razón me vino a la mente la frase “no hay tesoro mas grande que las piernas de una mujer bonita” y de ahí nació este poema (lo que el mar le hace a uno caray).


Las piernas de una mujer hermosa
obnulan la plata y el oro
pues son de esta tierra azarosa
el más codiciado tesoro,
la inmaculada frontera
do lejos al horizonte
se encuentra siempre a la espera
celeste de Venus el monte.

Partiendo de sus misterios
a izquierda y a derecha
se encuentra el ancha dicha
de una cintura estrecha.

Más al norte y ya se observan
los guardianes del corazón
sacros cerros que protegen
el altar de la pasión.

Sigue el camino a la boca
y casi toca el fin de la misión
para acabar la jornada se llega a la mirada
donde muero, el viajero y comienzo esta canción

lunes, 14 de junio de 2010

Mujer

Te miro entre las sábanas
allá en la noche de los enamorados
te miro a ti y tus ojos de lujuria
la luz de tus pupilas, tus labios desflorados.
Te miro y eres mujer, mujer te miro y eres
eres diosa
eres reina
eres ángel de la noche que cayó en mis brazos.
Llega la noche y eres mi amante y mi confidente
y mis noches de oscuras remembranzas.
Llega la noche y sigues siendo tú fantasma de mi ayer y augurio del presente.
Y llega la luna y tú eres (tu sigues siendo) mujer.
Pero después llega la mañana
y te miro y no eres mujer; no mujer, te miro y eres
eres humana
eres plebeya
eres la triste mendiga de mis pasiones.
Porque al llegar la mañana te veo y no te veo
te extraño al tenerte enfrente.
Y es que a veces olvido mujer, que solo eres una niña.

lunes, 19 de abril de 2010

sábado, 6 de febrero de 2010

Muerte

Dama de negro por la vida inalterada
feliz amante del viajero fatigado
a ti, ruta final e inalterable
ninfa fatal, musa innombrable
a ti dedico estas palabras
a ti, que muero por matarte
a ti, temida mía, mi odiada muerte.

sábado, 23 de enero de 2010

La intrascendente y común tragedia del indiferente Señor Monotonía

Veinticuatro dividido entre cuarenta y ocho: un medio; demasiado riesgo, petición denegada. cuatro dividido entre dieciséis: un cuarto; demasiado riesgo, petición denegada. Cinco dividido entre cien y veinticinco: uno sobre veinticinco; riesgo aceptable, petición aceptada. Siguiente caso, siguiente, siguiente...

Los formatos de petición se encontraban apilados a la izquierda del señor Monotonía, a su derecha los ya tramitados, divididos en aceptados y denegados. A sus espaldas, la tenue luz que se filtraba por la simple y cuadrada ventana dejaba ver que el sol comenzaba a menguar: pronto serían las ocho, hora de ir a casa; Consciente de esto, el señor Monotonía comenzó a recoger sus cosas con el mismo paso tranquilo e indiferente que lo caracterizaba, la misma actitud que le había ganado su apodo. Su verdadero nombre era “Montoní”, pero hacía ya varios años que sus compañeros habían optado por cambiar su apellido. “Cielos Montoní” le había dicho en broma el jefe unas semanas después de haber empezado el trabajo “un día mas sin que rías o te enojes, y empezaré a pensar que has mentido, y tu verdadero nombre es Monotonía”. Y así, sin mas ni menos, comenzaron a llamarle de aquella manera. No que le importase -ni siquiera le interesaba-, mientras no alterara su horario, el mundo le venía siendo indiferente. Así era él, Señor Monotonía a su servicio.

Camino a casa, pensó en la rutina que seguía: llegar a casa, cenar, bañarse, estar con Ana; Al llegar a casa, Ana lo recibió con una sonrisa y un plato de su corte de carne favorito. “Claro” pensó el señor Monotonía, “hoy es jueves”. Había olvidado la rutina del jueves: llegar a casa, cenar, bañarse con Ana, tener sexo, dormir; “Que va” pensó, “mientras mas rápido mejor”. No era que le molestara el sexo (en realidad lo consideraba moderadamente entretenido), era solo que, con Ana, esto implicaba un agregado: hablar de bebés; “Amor” solía comenzar, “cuando tendremos una familia?”, a lo que el solía responder “cuando los dios lo manden”. Claro que el no confiaba en los dioses, el confiaba en las Matemáticas: un tercio de probabilidad que Ana estuviera fértil, un quinto de probabilidad que el condón fallase; total: un quinceavo de probabilidad, punto cero sesenta y seis; riesgo aceptable. Y así, Ana pensaba que el señor Monotonía deseaba tener una familia, y el podía complacerla con poco riesgo.
Benditas Matemáticas.

Al día siguiente, el señor Monotonía -tal como lo hacía todos los días-, se levantó a las seis, se baño, besó a Ana (quien tenía dibujada una sonrisa mientras dormía, señal de sueños de niños y de la noche pasada), tomó su café y partió al trabajo. Al llegar a su oficina, el señor Monotonía comenzó con los trámites del día. Al dar la hora, recogió sus cosas y partió rumbo a su casa... Uno a uno, los días de rutina se fundieron en semanas de rutina, las semanas en meses, y así, el señor Monotonía fue feliz: feliz de su vida inalterable, feliz de su rutina;
Cierta noche de Agosto (una fría y silenciosa noche del segundo Jueves de Agosto, para ser exactos), el señor Monotonía llegó a su casa con el alma preparada para una noche de carne y sexo. Sin embargo, al abrir la puerta y ver el rostro de Ana, cuya sonrisa parecía querer saltar de su lugar, supo que aquella noche sería diferente. “Amor” fue lo primero que dijo Ana, sin poder contener la felicidad “nunca creerás lo que tengo que decirte”. Extrañado (y un poco molesto por el cambio de rutina), el señor Monotonía esperó a que Ana continuara. “Fui al doctor por un examen de rutina, y pareció perturbarle algo, así que pidió exámenes extra. al llegar los resultados, me dijo que al parecer estaba enferma, pero me sentiría mejor en nueve meses! nueve meses amor! estoy embarazada!”. Ella continuó hablando, pero el señor Monotonía había dejado de escuchar. Las matemáticas le habían fallado.
Mas tarde, acostado en su cama junto a Ana -quien dormía plácidamente-, el señor Monotonía reflexionaba. Las Matemáticas no le habían fallado, no podían haberle fallado: era el quien había errado, quien había calculado mal; Pero esta vez no lo haría, no habría errores: probabilidad de ser visitados el siguiente día: uno sobre doscientos; probabilidad de que ella gritase: tres cuartos; usando un método alterno: un décimo; Probabilidad de ser descubierto: un dosmilésimo; riesgo aceptable. Reconfortado el señor Monotonía volteó a ver a su esposa, sonrío, y se durmió.


Benditas Matemáticas.

sábado, 16 de enero de 2010

ármonica

so, compre una armónica (=, es una bella y yo la amo, estuve practicando toda la tarde con ella y me encanta el sonido que produce, pienso ser lo mas constante que pueda, considerando la escuela y el gym, y con suerte mejore pronto (=, ahora lo único que le falta a mi pequeña es un nombre, un amigo sugirió lucy, y me gusta pero, no se, ya veré que pasa, es mi bebé después de todo, y tiene que ser un nombre especial.

btw una imagen de el modelo de mi preciosa