sábado, 12 de mayo de 2012

El vendedor.

Cuentan que alguna vez hubo
De todos querido un oficio
Un arte que poco hombre pudo
tener y ofrecer el servicio.

Vendía, rumoraban, recuerdos
retazos risueños, radiantes
memorias  de algunos momentos
que eran harto fascinantes.

Por años quiso la gente
A quién recuerdos vendía por docena
Más hoy le castigan, llaman indecente
de muerte su oficio es la pena.

Pues diose cuenta el mundo entero
que aquellas memorias amadas
ficciones eran, fabricadas
mentiras de un hombre harto artero.

Prohibidas fueron las memorias
La ley fue vivir el presente
Se prohibieron contar más historias
Se borró el ayer
se olvidó el tener
del ahora la mente ya ausente.

Y así continuaron sus vidas
sin recordar los momentos pasados
ignoraron viejas heridas
los recuerdos fueron olvidados.

Y entonces aquel sacro oficio
visto como antes la meta
fue ahora ante todos un vicio,
murió así por siempre el poeta



domingo, 5 de febrero de 2012

Parábola de Tlaloc: El romanticismo realista.

Cierto día, maestro y alumno se encontraban disfrutando de una caminata por el parque. El clima, fresco y húmedo, daba la pauta perfecta para conversar de temas melancólicos, por lo cual no resultó sorprendente que, tras un tiempo de estar caminando, la discusión se centrara en torno al sentimiento.
“Pero maestro, el sentir necesita de ilusión, de fé, de creer que lo que se siente nunca terminará. Un sentimiento sin esperanza está condenado a fracasar” decía el joven discípulo al tiempo que señalaba a una pareja que había, al igual que ellos, escogido este día para pasear, sonrientes y de la mano, por el parque. “Tome por ejemplo a aquellos novios” continuó el alumno, “¿cree usted que están pensando en otra cosa que no sea el amor que se tienen? Ellos son felices porque el amor supera cualquier otro pensar, y en su estado, son capaces de olvidar hasta el peor recuerdo. ¿Que sentimiento puede ser mayor al suyo? ¿Más real que el suyo?”. Al escuchar las palabras de su alumno, el maestro sonrió, lo invitó a tomar asiento en una banca y dijo: “Dime, mi joven amigo, ¿alguna vez has escuchado la historia del amante sin alma?”; “No” respondió el joven. “Pues bien, he aquí como va”:

Hace tiempo, existió un hombre de mente inquisitiva, cuya lógica y pesimismo le habían hecho ganar el sobrenombre de hombre sin alma. Para este hombre, nada había que no pudiera pensarse, analizarse, y predecir sus posibles resultados: la comida, una película, la vida misma no eran para él sino secuencias por analizar; Es por esta razón que pocos entendían el como y el por qué de su mujer, quién había estado con él desde hacía ya más de 10 años. La gente no entendía como ella, a quién se referían como “aquella que está siempre soñando”, podía estar con alguien como ese hombre: ella era mujer de fé, él un hombre de ciencia; ella leía a Benedetti, él a Sade y Hobbes; ella creía en la vida mientras él esperaba la muerte; y aún así, estaban juntos.
Así pasaba el tiempo, y la gente permancecía curiosa, siempre preguntándose como era posible que estuviesen juntos. Un día, sin embargo, ocurrió lo inesperado: aquella que siempre estaba soñando dejó a su hombre, una noche gris empacó sus maletas y se fue del brazo de un viajero desconocido.

Al enterarse el pueblo, no fueron más de cinco los minutos transcurridos, antes de que estuvieran reunidas todas las almas frente a la casa del abandonado, ofreciendo su ayuda y preguntando la causa. Nuestro protagonista, ya fuera por hartazgo de la gente, por ganas de soledad, decidió por fin contestar sus preguntas, con tal de poder estar tranquilo y solo:

“Yo nunca pensé que estaríamos juntos por siempre. Eso no fue lo importante entre nosotros. Ustedes piensan que el amor debe ser perfecto, un ideal. Sin embargo, yo sé que no es así. Yo a ella no la amaba por pensar que estaríamos siempre juntos, o por pensar que fuera perfecta, al contrario, la amaba porque aún sabiendo que en cualquier momento esto podría terminar yo quería estar con ella, porque aún cuando conocía de sus celos, sus miedos y sus fallas, estaba dispuesto a arriesgarme. Ella me retaba, me cuestionaba, lograba que eligiera el no pensar, el no analizar las cosas. Ustedes pueden pensar que nuestra relación estuvo basada en nuestras virtudes, cuando en verdad nos impulsaron nuestros defectos. Y aún si este es el final, yo no me arrepiento de nada”


Dicho esto, el hombre sin alma entró a su casa, y prosiguió con algún estudio que había dejado pendiente.




El maestro terminó la historia, y vio que el alumno permanecia callado, pensativo: había entendido la lección; El maestro se paró de la banca, le dio la espalda al alumno y, antes de proseguir la caminata interrumpida por la historia, le dijo: “El verdadero sentimiento, mi querido discípulo, no viene de vivir en la ilusión, viene del saber la realidad, y querer afrontarla sin importar el resultado.” tras lo cual siguió caminando en silencio, acompañado después de unos instantes de su fiel alumno.

martes, 17 de mayo de 2011

Carta a Sabines

Estoy cansado de ser un amoroso, de ocupar los pasillos del amor.
Ya no puedo soportar ser el malo de esta historia,
ver que el héroe se queda siempre con mi princesa.
Estoy cansado del momento, la interminable espera
de amores de vidrio y corazones de madera
estoy cansado, tan cansado del amor.

Me persiguen mis fantasmas, no los cazo, me arrinconan
ya no puedo, -ya no sé- como enfrentarlos.
A veces los vislumbro, felices, orgullosos
Bailando con su dios y con mi diablo
sabiendo que hace tiempo los dejé de atrapar.

Estoy cansado de buscar
de la espera en mi bendita soledad
Ya no puedo ser un loco -no más-
No tengo la fuerza de la ingenua juventud.

Estoy cansado de ser un amoroso
de jugar al amor, de amar al amor.
Las costillas me reclaman por las tardes
el colon se irrita de ansiedad
y aquellos gusanos que en la noche venían
comienzan a parecerme un delicioso manjar.

Estoy cansado de ser un amoroso
siempre cambiando
siempre igual.

sábado, 26 de marzo de 2011

Desvaríos de un borracho bajo la luna llena

Si muero esta noche no habrá ningún lamento
bien sabes mi amor que ya muerto estoy por dentro
No te pido entonces que me ayudes a vivir,
vivir, bah!, que hay de bueno en eso?
Solo te pido que si mañana regreso me olvides
olvides mi muerte, el pasado el amor nunca olvidado
Solo te pido a ti por quien morí
Te pido que me enseñes, que me muestres de nuevo que es sentir.

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Estás y no estás, querida mía
no estás cuando despierto
regresas cuando acaba el día.
existes en sueños, tus besos, tu boca
tus manos, tu cuerpo que a mi alma provoca.
Sueño aquel momento en que te miraba te quería y te besaba
esos momentos que a ti mi alma daba.
Que puedo decirte, hermosa persona
que vive tan lejos, a mi alma abandona
que puedo ofrecerte más que el momento
el instante que guardo en el fondo, aquí dentro.
Vive el momento, subsiste aquel día
do´fui yo tu amigo, do´fui yo tu amante
futuro no ofrezco, ni pienso implorarte
no puedo ni tengo nada que darte
solo espero que en ti permanezca
los bellos momentos, de aquel instante.

viernes, 14 de enero de 2011

La caballerosidad no conoce de temporalidad

Hace no muchos días, escuché a un distinguido señor hablar sobre el Quijote, y de como representaba valores que se encontraban en contradicción con los tiempos modernos. Argumentó que el Quijote, o mas bien dicho, los valores caballerescos de aquél excéntrico Hidalgo, se encuentra en una época en donde nociones como el honor y la virtud no poseen ya la fuerza -ni importancia- que tuviesen de antaño. No podría estar mas en desacuerdo. Y por eso heme aquí, alegando en esta pequeño (pero sincero) escrito que la caballerosidad no puede encontrarse fuera de su tiempo, ya que la escencia del caballero no conoce la temporalidad.

Es cierto que el tiempo cambia, y con él la relación entre los hombres: los dragones de fuego han sido reemplazados por dragones de metal, los bellacos ahora visten de traje, y las princesas tiempo há que dejaron de necesitar un fiel siervo; No negaré tampoco que los valores (y más aún los del caballero) han sido devaluados, incluso ignorado, y tomados como inservibles o anticuados: el aludir a una jóven con respeto llamándole señorita no es hoy sino objeto de burla entre las amistades; Mas no por esto debe tomarse por verdad la opinión del vulgo, y si es difícil creer en la caballerosidad tanto mas lo es el dejar de hacerlo.

Se me puede argumentar que el caballero como tal no existe ya, pues bien, respondo que no es que no exista, simplemente es que ha mudado de forma. Hemos mudado tal vez la capa y espada, pero en dejarlas apreciamos mas el honor y la hermandad, el orgullo y, sobre todas las cosas, hemos conservado la pasión por defender las máximas del amor y la valentía. ¿Y qué si en la vida no tienen ya utilidad práctica? ¿Desde cuando se ha protegido al amor para conseguir un empleo? ¿O la valentía para obtener placeres? ¿Que importa si toma el vulgo por vanas ideas románticas aquellos nuestros fundamentos morales? El caballero no es caballero porque defiende a una dama, habla con respeto o renuncia a su bien por el de aquellos a quien quiere. El caballero defiende a una dama porque en ella ve la imagen del amor, de la belleza y la sutil elegancia de una flor naciente, habla con respeto porque sabe que incluso el enemigo es digno de ser reconocido como tal, y procura el bien porque en sus seres amados radica el honor. Las acciones de un caballero no lo definen ni a él ni a sus valores, el caballero actúa, habla, vive, muere y defiende sus ideas por ellas mismas y de ahí radican las acciones.

Así que no se hable de nociones olvidadas, de acciones futiles y valores superfluos, que mientras sean los senderos en el destino de la humanidad distintos e incomprensibles, la caballerosidad estará presente, un camino -tal vez ingenuo si, pero nunca deshonrado- que se alza frente a la incertidumbre.

La forma puede cambiar, los valores ridiculizarse y las ideas negarse, pero el fondo señores y señoritas,el fondo es siempre el mismo. La caballerosidad no puede estar fuera de tiempo porque la caballerosidad no conoce el tiempo: el amor, la valentía, el honor y el espíritu de hermandad son tan inmortales como inmortal es el hombre;

Y esto, esto lo defiendo hasta la muerte.

sábado, 20 de noviembre de 2010

porque podría escribirte mil sonetos, amada mía, pero tu eres ya de otra persona
o será porque ya eres tú de otra persona amada mía, que podría escribirte mil sonetos?

sábado, 6 de noviembre de 2010

Parábola de Tlaloc: Ideal de la belleza

Cierta tarde, se encontraba el maestro admirando una renombrada pintura cuyo artista nunca fue conocido. Bajo el marco podía leerse el título de la obra, “Ideal, por anónimo”. Absorto en su admiración, el maestro no notó la llegada de su alumno, con quien había quedado verse en la tarde. Al llegar este, por respeto a su maestro, no interrumpió su paz, y sentóse junto a el, meditando a su vez las cosas que turbaban su alma mientras esperaba captar la atención de su mentor. Después de un tiempo, por fin cesó el viejo de admirar la obra, y volteó a ver a su discípulo, quien ya para aquel momento mostraba en el rostro la agitación de su alma. “que pasa, mi querido amigo?” preguntó el maestro, regresando la mirada a la obra, mostrando la paz que al otro faltaba. ““Maestro”” respondióle,““no encuentro paz en mi interior, me azota una sed que no puedo saciar. Por días ya que he procurado encontrar la belleza, y no puedo evitar sentir que siempre se me escapa de las manos: a veces creo encontrarla, la observo en aquella linda pelirroja, pero se va tan pronto me doy cuenta de ello. Otras veces la encuentro en las tiernas gemelas que juegan bajos los rayos dorados de Apolo, pero después me parece verlas palidecer con el ocaso del dios. ¿Por qué, maestro? ¿Por que no puedo encontrar aquello que con tanto afán desea mi alma? ¿ será acaso que no soy digno de encontrarlo?””

Después de un momento de reflexión, el maestro señaló la pintura, tras lo cual el alumno volteó a verla, a admirarla por primera vez. En ella se encontraba retratada una figura femenina, en tonos de blanco y crema, tan finos, tan sutiles que podría decirse el cielo mismo prestó su color al pincel del artista. De fondo, el cuadro estaba pintado con todos los colores conocidos por el hombre: un poco de azul en el cielo, combinado con rojo y dorado del sol poniente, verdes hojas bañadas en cristalino rocío, negras sombras bailando al compás de la luz. La mujer, desnuda y de pie en el centro de retrato, parecía fundirse en los demás colores, a veces parecía que el negro cabello era solo una sombra, que la piel se hacía roja con la sangre transcurriendo las venas, marca de vida y sensualidad. Pero otras veces contrastaba, se alzaba imponente ante los burdos y fríos colores de la pintura: era una diosa poseedora de una humana mortalidad.

“Yo conocí al pintor” fueron las primeras palabras del maestro. “hace tiempo, yo lo conocí, a el y a su aflicción” El alumno, sorprendido en igual mesura por la pintura como por la afirmación del maestro, preguntó respetuosamente la causa de la aflicción y el por qué tan grande artista no añadió en la obra su nombre.
“¿Que ves en esta obra? puedes describirme a la mujer que se encuentra en ella?” el alumno respondióle que no. “La razón, querido amigo, es que no hay palabras que alcancen a hacerlo, así como no hay mujer que alcance a representarla en vida. La aflicción de este hombre fue también causa de su mas grande placer, y es la misma que encuentro en ti. Verás, mi joven aprendiz, este hombre, como tú, deseaba conocer la belleza, deseaba estrecharla en sus brazos y hacerla suya. Pero encontró tan solo reflejos de ella, burdas comedias que mostraban en la realidad lo que solo existe en el mundo del alma y de los sueños, aquel ideal inmortal que es llamado belleza. Al final, muerto ya por dentro, dedicó sus últimas horas a esta pintura, en donde plasmó el alma misma en la figura de lo bello, de lo imposible, de lo efímeramente eterno. Preguntas que porqué no dejó su nombre, pero, ¿como podría? si al buscar algo tan alto se perdió a si mismo, voló como Icaro y el mismo destino encontró. Tu mismo lo has visto, como la joven del cuadro parece ser todo y nada con lo que le rodea, a veces es sombra, otras veces luz, pero siempre, siempre es algo mayor que lo que aparenta ser.  Buscar tal cosa, como tu lo deseas, es tarea tan imposible como cavar en la arena un hoyo, esperando mantenerlo siempre sin agua de mar, mas, sin importar lo inalcanzable que es la meta, nunca dejará de ser útil el buscarla.”

Dicho esto, maestro y alumno continuaron admirando la obra de aquel desdichado artista, mártir desconocido de la eterna belleza.