Mi estimada amiga:
Como dije en la última carta, la última vez que hablamos le estaba contando sobre la muerte de E. Como lo prometí, he aquí lo que sucedió después.
Cuando murió mi amado E, francamente no supe cómo responder: volteé a amigos que me dieron la espalda, intenté enterrarlo entre las labores del día, incluso acudí a dios para calmar mi alma (sí, amiga mía, dios con minúscula, porque cualquier dios que es verbo pero no puede actuar para calmar la tristeza de un hombre deja de ser Dios y se vuelve un mortal cualquiera). Al no encontrar respuesta, decidí probar la ruta de nuestro querido marqués. Recuerdas al marqués, querida amiga? Cuantas noches pasamos en vela discutiendo su pensar, su manera de ver las cosas. Si sólo lo hubiéramos vivido, en lugar de intentar analizarlo, habríamos descubierto su verdadero significado. Y la verdad es, querida amiga, que el marqués estaba aburrido. Triste, depresivo incluso, si lo quieres pensar así. Porque el marqués, como yo - y me disculpo por tan cruel y egocéntrica comparación- entendieron que la vida simplemente no vale la pena. Espero interpretes mal esto, tú bien sabes que por sobre todo siempre he amado los placeres de estar vivo. Es simplemente que, como me imagino el marqués pensó, cuando uno se siente solo, el único sentido que tiene la vida es cuando se intenta acabar con ella.
Como usted sabrá, amiga mía, siempre he sido un cobarde: si huí de mi gran amor cuando tomó la vida de nuestro hijo no nato, ¿como podría tener el valor de quitarme la vida propia? Francamente, no pude. Así que opté por la vía del cobarde, opté por la vía que el niño rico añora y el pobre desprecia.
La primera vez que estuve con una puta -llamemosla N- temí por lo que pude contagiarme. Después de unas semanas, temí que fuera a dejarme una vez que el dinero se acabara. Y si bien el alcohol tomaba la parte de los amigos olvidados, el amor rechazado, siempre terminaba las noches encontrándome con mi amiga Muerte, mi amada Muerte. La muerte de E; la muerte de mi hijo; la Muerte con M del mañana se postra ante mi incluso hoy, con la sonrisa de algún familiar que sabe que tarde o temprano habrá de encontrarnos.
¿Conoce usted, mi querida amiga, el poema del borracho inmortal?
Hace tiempo un hombre
de nombre desconocido
estaba a punto de morir
de pasar al olvido.
El hombre, mal conocido
por su falta de temple
era un simple borracho
esperando la muerte.
Los años pasan
el hombre aún sigue vivo
la gente del pueblo pregunta
¿es esto premio o castigo?
El hombre, cual buen borracho
responde entre líneas, ahogado
"la muerte conmigo ha acordado
en un juego de machos"
"la muerte pensó que, certera
cualquier juego podría ganarme
dejó que este hombre eligiera
el día en que habrá de llevarme
así que el día en que yo muera
sea cuando no pueda emborracharme"
Sea amor a la vida o temor a la muerte
el borracho sigue respirando
que la muerte nos lleve cuando decidamos
dejar lo que estamos amando.
Con esto la dejo, amiga mía. No porque no quiera escribirle, es sólo que siento el día llegando, y espero antes los dioses tener suficiente para que la muerte me vea tomando.
lunes, 28 de julio de 2014
viernes, 18 de enero de 2013
Black Wolf
There´s a story the Old ones tell. It´s the story about to wolves, fighting inside a person´s soul. Should the white wolf win, the soul is saved. If the black wolf wins, well, we all know what happens. The thing is, the Old ones fear the black wolf, but they never understood him. The black wolf is a lonely one. He is, as Bradbury put it: THE lonely one. It does not prey, or hunt. The black wolf merely absorbs one´s feeling. It´s not its fangs one must be careful of, for it does not devour its victims. It´s the heart. For the black wolf smells doubt from a thousand paces, and it does not rest until it finds a new heart to settle in. The black wolf, my dear, is not a curse, or a disease. It is the embodiment of the most primal instincts of men, long ago forgotten, waiting to resurface again. It embodies the wild, the unknown, the forbidden. The Old ones fear it, for they don´t understand it. So beware, my child, of the black wolf, for if one day it chases you, you´ll find yourself choosing between mankind, and freedom.
viernes, 5 de octubre de 2012
Quienquiera que haya establecido el estereotipo de que las mujeres son seres frágiles, tiernos y dóciles, claramente nunca estuvo en contacto con una. Las mujeres, contrario a lo que nos han contado innumerables cuentos, retratos y novelas, no son la imagen pura de una belleza que se quiebra ante el contacto con el mundo. ¿Qué hay de frágil en una mujer? me pregunto, ¿qué hay de inocente? Absolutamente nada. Las mujeres no son débiles, son la fuerza misma de la naturaleza en su estado más primitivo, burdo, perfecto. Y nosotros, hombres debilitados por la fuerza de nuestros lujos y complacencia, hemos olvidado esto casi por completo: a una mujer -una verdadera mujer- se le muestra respeto, cariño y lealtad.
Hoy en día, son demasiados los casos en que un hombre, ingenuamente, confunde un beso o una noche de pasión, e incluso las lágrimas de uno de estos seres fantásticos con la señal de haber triunfado sobre ella, cuando en realidad no podrían estar más equivocados. Porque ganarse a una mujer, ese místico momento en que un hombre tiene la suerte de conseguir el amor de una señorita, no se trata de una acción o una señal. Conquistar a una mujer no se logra a través de un acto, se logra a través de una vida entera de sacrificio, esfuerzo y, sobre todo, humildad. Conquistar a una mujer significa aceptar que, por más que se intente, nunca se podrá vencerle. Este es el secreto de las mujeres, secreto a plena luz. Y es que las mujeres, estos espíritus terrenales que nos asombran con su belleza e inteligencia, se asemejan a todo aquello que es bueno en esta tierra: siempre son más hermosas en libertad. Estar con una mujer, quererla y cuidarla, implica saber que nunca podrá ganarse del todo la batalla en su contra. Porque no hay batalla que ganar. Solo existen los retos, las acciones y caricias de cada día que nos inspiran a seguir eternamente luchando por su amor en nuestro propio Valhalla personal.
lunes, 1 de octubre de 2012
sábado, 12 de mayo de 2012
El vendedor.
Cuentan que alguna vez hubo
De todos querido un oficio
Un arte que poco hombre pudo
tener y ofrecer el servicio.
Vendía, rumoraban, recuerdos
retazos risueños, radiantes
memorias de algunos momentos
que eran harto fascinantes.
Por años quiso la gente
A quién recuerdos vendía por docena
Más hoy le castigan, llaman indecente
de muerte su oficio es la pena.
Pues diose cuenta el mundo entero
que aquellas memorias amadas
ficciones eran, fabricadas
mentiras de un hombre harto artero.
Prohibidas fueron las memorias
La ley fue vivir el presente
Se prohibieron contar más historias
Se borró el ayer
se olvidó el tener
del ahora la mente ya ausente.
Y así continuaron sus vidas
sin recordar los momentos pasados
ignoraron viejas heridas
los recuerdos fueron olvidados.
Y entonces aquel sacro oficio
visto como antes la meta
fue ahora ante todos un vicio,
murió así por siempre el poeta
De todos querido un oficio
Un arte que poco hombre pudo
tener y ofrecer el servicio.
Vendía, rumoraban, recuerdos
retazos risueños, radiantes
memorias de algunos momentos
que eran harto fascinantes.
Por años quiso la gente
A quién recuerdos vendía por docena
Más hoy le castigan, llaman indecente
de muerte su oficio es la pena.
Pues diose cuenta el mundo entero
que aquellas memorias amadas
ficciones eran, fabricadas
mentiras de un hombre harto artero.
Prohibidas fueron las memorias
La ley fue vivir el presente
Se prohibieron contar más historias
Se borró el ayer
se olvidó el tener
del ahora la mente ya ausente.
Y así continuaron sus vidas
sin recordar los momentos pasados
ignoraron viejas heridas
los recuerdos fueron olvidados.
Y entonces aquel sacro oficio
visto como antes la meta
fue ahora ante todos un vicio,
murió así por siempre el poeta
domingo, 5 de febrero de 2012
Parábola de Tlaloc: El romanticismo realista.
Cierto día, maestro y alumno se encontraban disfrutando de una caminata por el parque. El clima, fresco y húmedo, daba la pauta perfecta para conversar de temas melancólicos, por lo cual no resultó sorprendente que, tras un tiempo de estar caminando, la discusión se centrara en torno al sentimiento.
“Pero maestro, el sentir necesita de ilusión, de fé, de creer que lo que se siente nunca terminará. Un sentimiento sin esperanza está condenado a fracasar” decía el joven discípulo al tiempo que señalaba a una pareja que había, al igual que ellos, escogido este día para pasear, sonrientes y de la mano, por el parque. “Tome por ejemplo a aquellos novios” continuó el alumno, “¿cree usted que están pensando en otra cosa que no sea el amor que se tienen? Ellos son felices porque el amor supera cualquier otro pensar, y en su estado, son capaces de olvidar hasta el peor recuerdo. ¿Que sentimiento puede ser mayor al suyo? ¿Más real que el suyo?”. Al escuchar las palabras de su alumno, el maestro sonrió, lo invitó a tomar asiento en una banca y dijo: “Dime, mi joven amigo, ¿alguna vez has escuchado la historia del amante sin alma?”; “No” respondió el joven. “Pues bien, he aquí como va”:
Hace tiempo, existió un hombre de mente inquisitiva, cuya lógica y pesimismo le habían hecho ganar el sobrenombre de hombre sin alma. Para este hombre, nada había que no pudiera pensarse, analizarse, y predecir sus posibles resultados: la comida, una película, la vida misma no eran para él sino secuencias por analizar; Es por esta razón que pocos entendían el como y el por qué de su mujer, quién había estado con él desde hacía ya más de 10 años. La gente no entendía como ella, a quién se referían como “aquella que está siempre soñando”, podía estar con alguien como ese hombre: ella era mujer de fé, él un hombre de ciencia; ella leía a Benedetti, él a Sade y Hobbes; ella creía en la vida mientras él esperaba la muerte; y aún así, estaban juntos.
Así pasaba el tiempo, y la gente permancecía curiosa, siempre preguntándose como era posible que estuviesen juntos. Un día, sin embargo, ocurrió lo inesperado: aquella que siempre estaba soñando dejó a su hombre, una noche gris empacó sus maletas y se fue del brazo de un viajero desconocido.
Al enterarse el pueblo, no fueron más de cinco los minutos transcurridos, antes de que estuvieran reunidas todas las almas frente a la casa del abandonado, ofreciendo su ayuda y preguntando la causa. Nuestro protagonista, ya fuera por hartazgo de la gente, por ganas de soledad, decidió por fin contestar sus preguntas, con tal de poder estar tranquilo y solo:
“Yo nunca pensé que estaríamos juntos por siempre. Eso no fue lo importante entre nosotros. Ustedes piensan que el amor debe ser perfecto, un ideal. Sin embargo, yo sé que no es así. Yo a ella no la amaba por pensar que estaríamos siempre juntos, o por pensar que fuera perfecta, al contrario, la amaba porque aún sabiendo que en cualquier momento esto podría terminar yo quería estar con ella, porque aún cuando conocía de sus celos, sus miedos y sus fallas, estaba dispuesto a arriesgarme. Ella me retaba, me cuestionaba, lograba que eligiera el no pensar, el no analizar las cosas. Ustedes pueden pensar que nuestra relación estuvo basada en nuestras virtudes, cuando en verdad nos impulsaron nuestros defectos. Y aún si este es el final, yo no me arrepiento de nada”
Dicho esto, el hombre sin alma entró a su casa, y prosiguió con algún estudio que había dejado pendiente.
El maestro terminó la historia, y vio que el alumno permanecia callado, pensativo: había entendido la lección; El maestro se paró de la banca, le dio la espalda al alumno y, antes de proseguir la caminata interrumpida por la historia, le dijo: “El verdadero sentimiento, mi querido discípulo, no viene de vivir en la ilusión, viene del saber la realidad, y querer afrontarla sin importar el resultado.” tras lo cual siguió caminando en silencio, acompañado después de unos instantes de su fiel alumno.
“Pero maestro, el sentir necesita de ilusión, de fé, de creer que lo que se siente nunca terminará. Un sentimiento sin esperanza está condenado a fracasar” decía el joven discípulo al tiempo que señalaba a una pareja que había, al igual que ellos, escogido este día para pasear, sonrientes y de la mano, por el parque. “Tome por ejemplo a aquellos novios” continuó el alumno, “¿cree usted que están pensando en otra cosa que no sea el amor que se tienen? Ellos son felices porque el amor supera cualquier otro pensar, y en su estado, son capaces de olvidar hasta el peor recuerdo. ¿Que sentimiento puede ser mayor al suyo? ¿Más real que el suyo?”. Al escuchar las palabras de su alumno, el maestro sonrió, lo invitó a tomar asiento en una banca y dijo: “Dime, mi joven amigo, ¿alguna vez has escuchado la historia del amante sin alma?”; “No” respondió el joven. “Pues bien, he aquí como va”:
Hace tiempo, existió un hombre de mente inquisitiva, cuya lógica y pesimismo le habían hecho ganar el sobrenombre de hombre sin alma. Para este hombre, nada había que no pudiera pensarse, analizarse, y predecir sus posibles resultados: la comida, una película, la vida misma no eran para él sino secuencias por analizar; Es por esta razón que pocos entendían el como y el por qué de su mujer, quién había estado con él desde hacía ya más de 10 años. La gente no entendía como ella, a quién se referían como “aquella que está siempre soñando”, podía estar con alguien como ese hombre: ella era mujer de fé, él un hombre de ciencia; ella leía a Benedetti, él a Sade y Hobbes; ella creía en la vida mientras él esperaba la muerte; y aún así, estaban juntos.
Así pasaba el tiempo, y la gente permancecía curiosa, siempre preguntándose como era posible que estuviesen juntos. Un día, sin embargo, ocurrió lo inesperado: aquella que siempre estaba soñando dejó a su hombre, una noche gris empacó sus maletas y se fue del brazo de un viajero desconocido.
Al enterarse el pueblo, no fueron más de cinco los minutos transcurridos, antes de que estuvieran reunidas todas las almas frente a la casa del abandonado, ofreciendo su ayuda y preguntando la causa. Nuestro protagonista, ya fuera por hartazgo de la gente, por ganas de soledad, decidió por fin contestar sus preguntas, con tal de poder estar tranquilo y solo:
“Yo nunca pensé que estaríamos juntos por siempre. Eso no fue lo importante entre nosotros. Ustedes piensan que el amor debe ser perfecto, un ideal. Sin embargo, yo sé que no es así. Yo a ella no la amaba por pensar que estaríamos siempre juntos, o por pensar que fuera perfecta, al contrario, la amaba porque aún sabiendo que en cualquier momento esto podría terminar yo quería estar con ella, porque aún cuando conocía de sus celos, sus miedos y sus fallas, estaba dispuesto a arriesgarme. Ella me retaba, me cuestionaba, lograba que eligiera el no pensar, el no analizar las cosas. Ustedes pueden pensar que nuestra relación estuvo basada en nuestras virtudes, cuando en verdad nos impulsaron nuestros defectos. Y aún si este es el final, yo no me arrepiento de nada”
Dicho esto, el hombre sin alma entró a su casa, y prosiguió con algún estudio que había dejado pendiente.
El maestro terminó la historia, y vio que el alumno permanecia callado, pensativo: había entendido la lección; El maestro se paró de la banca, le dio la espalda al alumno y, antes de proseguir la caminata interrumpida por la historia, le dijo: “El verdadero sentimiento, mi querido discípulo, no viene de vivir en la ilusión, viene del saber la realidad, y querer afrontarla sin importar el resultado.” tras lo cual siguió caminando en silencio, acompañado después de unos instantes de su fiel alumno.
martes, 17 de mayo de 2011
Carta a Sabines
Estoy cansado de ser un amoroso, de ocupar los pasillos del amor.
Ya no puedo soportar ser el malo de esta historia,
ver que el héroe se queda siempre con mi princesa.
Estoy cansado del momento, la interminable espera
de amores de vidrio y corazones de madera
estoy cansado, tan cansado del amor.
Me persiguen mis fantasmas, no los cazo, me arrinconan
ya no puedo, -ya no sé- como enfrentarlos.
A veces los vislumbro, felices, orgullosos
Bailando con su dios y con mi diablo
sabiendo que hace tiempo los dejé de atrapar.
Estoy cansado de buscar
de la espera en mi bendita soledad
Ya no puedo ser un loco -no más-
No tengo la fuerza de la ingenua juventud.
Estoy cansado de ser un amoroso
de jugar al amor, de amar al amor.
Las costillas me reclaman por las tardes
el colon se irrita de ansiedad
y aquellos gusanos que en la noche venían
comienzan a parecerme un delicioso manjar.
Estoy cansado de ser un amoroso
siempre cambiando
siempre igual.
Ya no puedo soportar ser el malo de esta historia,
ver que el héroe se queda siempre con mi princesa.
Estoy cansado del momento, la interminable espera
de amores de vidrio y corazones de madera
estoy cansado, tan cansado del amor.
Me persiguen mis fantasmas, no los cazo, me arrinconan
ya no puedo, -ya no sé- como enfrentarlos.
A veces los vislumbro, felices, orgullosos
Bailando con su dios y con mi diablo
sabiendo que hace tiempo los dejé de atrapar.
Estoy cansado de buscar
de la espera en mi bendita soledad
Ya no puedo ser un loco -no más-
No tengo la fuerza de la ingenua juventud.
Estoy cansado de ser un amoroso
de jugar al amor, de amar al amor.
Las costillas me reclaman por las tardes
el colon se irrita de ansiedad
y aquellos gusanos que en la noche venían
comienzan a parecerme un delicioso manjar.
Estoy cansado de ser un amoroso
siempre cambiando
siempre igual.
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